
Donde la Roca Recuerda
Un paisaje del mito de Jeju
En Jeju, la isla misma nació de la piedra. Cuenta la leyenda que la abuela gigante Seolmundae Halmang dio forma al Hallasan con su delantal, y sus quinientos hijos se petrificaron de dolor. El Jeju Stone Park, constituido desde 1999 sobre el solar de un antiguo vertedero, guarda esta mitología y las tradiciones que inspiró en un único paisaje volcánico.

Muros, vasijas, figuras: todo es basalto volcánico, todo comparte la misma piel oscura. Esa piel responde a la luz de un modo poco común. El sol del mediodía hace aflorar cálidos tonos ámbar; el atardecer los devuelve a un cobre profundo; la niebla los enfría hasta la plata. Al pie del Hallasan, la piedra ha cambiado así durante siglos.

Hadam
Muros que respiran.
Bajos, porosos, apilados en seco: muros que quebraban las ráfagas sin atraparlas.
Las aldeas de Jeju fueron moldeadas por el viento y el basalto. Sus habitantes apilaban en seco la piedra volcánica para levantar los batdam: muros bajos y porosos que quebraban las ráfagas sin atraparlas. Se dejaban huecos abiertos para que personas y ganado pudieran pasar con libertad. Los tejados de paja, sujetos con redes de cuerda contra los tifones, mantenían las casas bajas y aferradas a la tierra. En el parque, una aldea de tejados de paja reconstruida conserva estos muros tal como fueron.

